Importancia en la contención en la Tercera edad

El psicólogo José Puig Boo recalca la importancia de acompañar y contener a quienes recorren la tercera y cuarta edad, desarrollando capacidades de disfrute y una mayor fortaleza para traspasar los momentos de pérdida y despedidas.

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Mucho se ha hablado, del rol de las personas mayores en la sociedad. Noticias relacionadas al maltrato, problemas económicos para poder hacerse de la jubilación que pertenece y familiares que, en algunos casos, miran para otro lado, son solo algunos de los acercamientos a un tema que merece mayor análisis y dedicación.En algún momento de la evolución cultural de nuestras sociedades surgió el concepto de tercera edad, la cuál es sinónimo de vejez, de antigüedad, de ancianidad. La procedencia es, aquí, transparente y precisa.

Los griegos apaleaban en gran afición a la ancianidad. Es la etapa en que la experiencia del hombre lo hace casi sabio. Esa inteligencia tan acertada era buen origen para que los jóvenes miraran a sus mayores desde un lugar distinto al que lo hacemos nosotros hoy.

En nuestro irreflexivo presente, aquella tercera edad conseguiría ubicarse, más o menos, en ese segmento temporal que va desde la jubilación hasta, los ochenta años aproximadamente. Desde allí en adelante, se abren las ricas posibilidades que brinda la cuarta edad.

Los progresos en la medicina, la vida saludable, una sana alimentación, el ejercicio físico y los deportes han logrado que, más allá de los ochenta, todavía haya vida; y una vida rica, productiva y creativa.

En sí, todos los momentos de la existencia humana poseen su ethos, aquello que les es propio, característico y singular. Y para circular satisfactoriamente por cada uno de esos períodos vitales es preciso obtener ciertas habilidades o destrezas. Con estas capacidades aprendidas desafiaremos con éxito no sólo el premioso caminar de los días y las noches sino, incluso, las dificultades, las crisis y los duelos con que cada etapa de la vida nos concede con naturalidad e indiferencia.

Los duelos de las últimas etapas de la vida ineludiblemente tienen que ser acompañados, sostenidos. Es el instante en que se hacen presentes las manos amigas llamadas a sostener el paso mientras se transitan esos momentos.

Si esta dinámica se desenvuelve satisfactoriamente, se lograrán nuevas habilidades que ya no serán habilidades físicas, o habilidades manuales, o aptitudes intelectuales, sino capacidad de placer y de disfrute de la vida. De este modo, el que lo consiga podrá tender la mano a otros para que aprendan a desafiar las naturales aventuras con que nos desafía la inapelable mano del tiempo y que son, siempre, parte sustantiva de la vida.

Es tarea de los que estamos vinculados a los temas propios de la salud y circulando por la segunda etapa de la vida, mantener a los que se hallan más adelantados en el camino de la existencia humana, para alentarlos a una vida plena donde la angustia no sea un huésped improcedente y permanente. Si ellos lo consiguen lo habremos conseguido también nosotros y todos seremos espiritualmente más ricos.

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