Trucos mentales para impedir el dolor

A través de tus pensamientos, consigues ayudar a calmar el mal que te incomoda. Solo basta que te relajes y que no te centres en el malestar, ya que la ansiedad es mala compañera.

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Existen disímiles estrategias para estar mejor sin acudir a los remedios como la respiración, la hipnosis o tan sólo leer un buen libro. Es cuestión estar predispuesto, tener un poco de paciencia y tomarte unos minutos.

  • Disfruta de un buen libro: Leer, conjuntamente de ser una actividad placentera, además solicita concentración, y está científicamente comprobado que no centrar los pensamientos en el malestar, alivia. Si optas una historia entretenida, es poco el esfuerzo por hacer comparado con los beneficios. Mantenerte en foco te ayudará a desglosarte de las molestias que te aquejan, podrás viajar hacia otras realidades y dejar fluir tus emociones. Si los personajes te extirpan una sonrisa, te sentirás mucho mejor. Pero si no eres fanático de los libros, adopta una buena película, siempre y cuando logre atraparte.
  • Amígate con la sensación: Anhelar que el dolor se vaya lo antes posible genera ansiedad, angustia y asimismo más sufrimiento. Para evitar esa bola de nieve la propuesta es aceptarlo y agradecer a la zona del cuerpo afectada todas las funciones que cumplió sin ninguna molestia. Recuerda que el cuerpo habla y si por ejemplo te duele la espalda, es probable que necesites dispersar las alas o que estés cargando una gran mochila. Por eso, cambia el enfoque y pregúntale al área afectada qué necesita en lugar de centrarte en lo que necesitas tú.
  • Mantén pensamientos positivos: Centrarse en el sufrimiento no ayuda y mantenerse en la queja, tampoco. Por eso, cuando sientas malestar, piensa en todo lo bueno que puedes hacer por ti, como sitiarte de personas con actitud positiva, guardar el sentido del humor así como también cuidar tu alimentación y empezar a realizar ejercicio físico progresivo. Imagina un plan para que consigas mejoras de forma integral, pero hazlo con alegría, sin exigencias recargadas y con objetivos reales a corto plazo para evitar la frustración.
  • Dale una puntuación a tu dolor: Cuando una parte del cuerpo nos molesta, frecuentamos declararnos con gritos y quejas. Pero si lo pensamos dos veces, el malestar en sí mismo puede hasta no merecer tanta atención de nuestra parte. Para evitar la autocomplacencia, califica tu nivel de dolor en una escala del 1 al 10. Si al malestar le corresponde un simple 4, no te focalices tanto en él y sigue, siempre a tu ritmo, con tus actividades cotidianas. Y no olvides que si sumas a la dolencia pensamientos negativos, ese 4 puede sentirse como un 8.
  • Conéctate con tus cinco sentidos: Perpetúa un momento de alegría relacionado con alguna sensación. Un lindo paisaje que hayas visitado en un momento de tu vida; el aroma de un pastel de la niñez; el sabor de las comidas caseras; la suavidad de una caricia; el canto de los pájaros. Todo vale para poner la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído a tu favor y así, a través de la mente, apartarte de la dolencia. Perpetúa que estas visualizaciones son muy monopolizadas para sentir cierto alivio.
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